Domingo 22-03-20 4° de Cuaresma/A

Textos: 1Sam 16,1.6-7. 10-13; Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41

Estamos en el Cuarto Domingo de Cuaresma. El Evangelio de hoy nos va a hablar de Jesús como “luz” que nos muestra el camino y el sentido de nuestra vida.  Las palabras de Jesús, “Yo soy la luz del mundo”, marcan el mensaje del evangelio de hoy. 

El evangelio relata lo que aconteció a un ciego de nacimiento en su encuentro con Jesús. Vecinos que no terminan de creer lo que están viendo. Fariseos que se ciegan porque lo que ha sucedido no cuadra con su forma de entender la acción de Dios. Familia con miedo de las represalias de las autoridades religiosas. Ciego que se siente con una nueva vida, pero que es rechazado y expulsado del espacio religioso, pero que va cobrando una nueva luz en su vida, hasta llegar a confesar su fe en Jesús como Señor. Jesús que busca al rechazado por las autoridades religiosa para acogerlo y afirmarlo en su dignidad. Con Jesús hay vida, esperanza y alegría. 

Lo dramático del mensaje es que los que rechazan la luz no son los malos, los pecadores y perversos, sino los buenos y justos, las personas religiosas: “vino a los suyos y los suyos no le recibieron”. Todo porque no daba cumplimiento a sus expectativas mesiánicas de liberación política, y porque Jesús no les convenía a sus intereses. El ciego recobro la vista del cuerpo y del alma, mientras los que decían que veían se quedaron ciegos. Hay diversas formas de quedarse ciego en la vida:

  • La primera forma de permanecer ciego es estar siempre ocupado por las cosas inmediatas, las urgentes y prácticas, sin preguntase qué es de mí, qué voy a hacer con mi vida. De modo que no veo mi entorno, me cierro a ver las injusticias y las exclusiones sociales que me rodean.
  • La segunda es vivir programado desde fuera. Otros piensan por mí, como la publicidad, la moda, los gustos aceptables, los pensamientos correctos. Y yo me dejo llevar, impidiendo que aflore en mí la compasión, lo más humano de mi persona.
  • La tercera, es vivir en la espuma de la vida, en la superficie. Vivir haciendo lo que me apetece, sin ningún cuestionamiento…. eludiendo siempre esa voz interior que me recuerda mi dignidad de persona responsable, mis compromisos familiares, profesionales y ciudadanos.
  • Una cuarta manera es fabricar una mentira de nuestra vida e instalarnos en ella; siempre en el engaño. No dejarnos nunca interpelar para evitar plantearnos un cambio. Ver sólo lo que nos interesa ver, no ponernos en frente de la luz.

Probablemente el mejor modo de vivir ciegos es mentirnos a nosotros mismos. Fabricarnos una personalidad falsa, instalarnos en ella y vivir el resto de nuestra vida de manera falsa y engañosa. En definitiva, cerrar los ojos y «autocegarnos» para no ver. Ver sólo lo que queremos ver, utilizar una medida diferente para juzgar a otros y para juzgarnos a nosotros mismos, no enfrentarnos a la luz. Así, son otros los que deciden y fabrican mi vida. Yo me dejo llevar ciegamente.

Jesús ha venido para que los ciegos vean y los que creen ver queden ciegos… El juicio por la luz consiste en que los que se abren a ella, se les permite ver más allá. Pero se hace oscuridad para los que creyendo tener toda la verdad se cierran a ella. “…como dicen que ven, siguen en su pecado”.

En la Cuaresma, la Iglesia llama a la conversión. Para ello, necesitamos ser humildes, reconociendo nuestra verdad, para acoger la luz que es Jesús como el enviado, el Hijo, de Dios. Descubramos qué es lo que impide convertirnos de verdad, en nuestras actitudes, en nuestras relaciones, en nuestra vida toda. Pidamos caminar por la vida como hijos de la luz.

TAREA:

  1. Examen. ¿En qué espacios de nuestra vida abunda la oscuridad? ¿Cuáles son mis resistencias para aceptar la luz del evangelio, que es una buena noticia de verdad, de justicia, de paz y de amor? ¿Qué luz arroja este evangelio para lo que estamos viviendo hoy en Venezuela? ¿En qué medida soy luz para los que me rodean? ¿Soy luz que ayuda a ver a los demás? 
  2. Contemplación: Leamos el relato, muy despacio, saboreando cada detalle. Primero, leámoslo desde el que nos cuenta la escena. Leamos también desde lo que vivió el ciego de nacimiento, siguiendo ese relato imaginativo. Renovemos nuestra fe en Jesús como luz de nuestra vida, con confianza y disponibilidad para servir a los hermanos. Ver a Jesús Salvador. Contemplar en Jesús el esfuerzo del amor de Dios por salvar. Renovar la fe en El, aceptarlo como luz de la vida. Aceptar que Dios es como Jesús lo muestra. Hacer un acto de confianza en Dios mi Salvador.


DEL EVANGELIO DE JUAN (9, 1-41)

Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro ¿quién pecó, él o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: «Ni éste pecó ni sus padres; sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tengo que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, y se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte en la piscina de Siloé» (que significa Enviado). El fue, se lavó y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es éste el que se sentaba a pedir?» Unos decían: «El mismo. Otros decían «No es él, pero se le parece.» El les respondía: «Soy yo.»  Y le preguntaban: «¿y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé y empecé a ver.» Le preguntaron: «¿Dónde está él?» Contestó: «No lo sé.» Llevaron donde los fariseos al que antes había sido ciego. Era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había recobrado la vista. El les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador realizar semejantes señales?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «¿Y tú qué dices del que te ha abierto los ojos?» El respondió: «Que es un profeta.»   Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y había recobrado la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntadle a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos, porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.» Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Confiesa ante Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé que yo era ciego y ahora veo.»  Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?» Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez? ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos le llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ése serás tú: nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde viene.» Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y sin embargo me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad, a ése le escucha. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.» Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»  Él contestó: «¿Y quién es Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él. Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se queden ciegos.» Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les respondió: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís que veis vuestro pecado persiste.»

SALMO 27

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es el refugio de mi vida,

¿por quién he de temblar?

Aunque acampe contra mí un ejército,

mi corazón no teme;

aunque estalle una guerra contra mí,

estoy seguro en ella.

Una cosa he pedido al Señor,

una cosa estoy buscando:

morar en la Casa de el Señor,

todos los días de mi vida,

Que él me dará cobijo en su cabaña

en día de desdicha;

me esconderá en lo oculto de su tienda,

sobre una roca me levantará.

No me abandones, no me dejes,

Dios de mi salvación.

 Aunque mi padre y mi madre me abandonaran,

el Señor siempre me acoge.

 Enséñame, Señor, tu camino, 

guíame por senda llana.

Espera en el Señor, ten valor y firme corazón,

espera en el Señor.

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