NOCHEBUENA – 24 de Diciembre de 2019.

Pregón de Nochebuena

El mundo había llamado a Dios,

pidiéndole respuestas

desde un silencio atronador: “Ven”.

Ven que no siempre sabemos cuidarnos, querernos, acogernos.

Ven, que demasiadas veces el egoísmo nos ha alejado a unos de otros.

Ven, que nos falta tu luz cuando caminamos en sombras

Ven, que sin ti andamos un poco huérfanos

Y Dios respondió.

Esa noche, en Belén, se juntaron muchos caminos.

A una cuadra, fuera de la posada y del refugio

llegó una pareja joven.

Ella había dicho “Hágase”, sin dudar ante la llamada de Dios.

Él se había fiado de un sueño.

Llegaron también unos sabios de Oriente, que buscaban respuestas.

Y unos pastores que acababan de ver trocada la soledad en fiesta.

Y allí, donde confluían compromiso, confianza,

afán de saber y necesidad,

justo allí

se hizo carne el Amor.

Se hizo vida la Promesa.

Se hizo historia Dios.

No seamos nosotros de los que se quedan lejos,

indiferentes o ajenos al misterio.

No seamos como el rey de corazón de piedra,

encerrado en su palacio

ni como los habitantes de la aldea

que ignoran que a su puerta ha llamado el salvador del mundo.

Seamos, más bien, nuevos profetas del Misterio.

Dios ya es, para siempre, el Dios-con-Nosotros,

y hoy, en esta noche Santa,

nos juntamos para cantarlo. Es la hora.

Homilía:

No podemos obviar la dureza de los hechos que relata el texto del Evangelio. El viaje de José y María a Belén debió  de estar lleno de trabajo y dificultades; el ubicarse en un establo por no tener alojamiento en la posada y el dar a luz en esas condiciones; el tener que recostar al niño en un pesebre, comedero de animales, como cuna; el que los primeros en acudir a celebrar, no fueron los amigos ni familiares, sino unos rudos pastores socialmente mal vistos,… 

El centro del mensaje del evangelio que celebramos en Navidad es que Dios  está con nosotros, hecho niño, débil e indefenso, aprisionado en unos pañales, que tiene como palacio un establo de animales y por cuna un pesebre. Que se hace cercano, que se le puede tocar, cargar y manipular.  San Pablo se expresa así: “Cristo, a pesar de su condición divina, no se  aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de siervo, haciéndose uno de tantos y presentándose como simple hombre” (Fil 2, 6-7). Pablo era muy consciente y entendía que este modo de manifestación de Dios era un escándalo para muchos.

Nos cuesta entender y aceptar a Dios tal como se nos manifiesta en Jesús, como simple ser humano, uno de tantos, que se hace tremendamente cercano y se identifica con nosotros. Lo hubiéramos imaginado y querido fuerte, majestuoso y omnipotente.  Pero se nos presenta con toda  la fragilidad  de un niño, débil y necesitado, nacido en pobreza y sin reconocimiento social  alguno. Pero este es nuestro Dios, que se abaja, que asume la pobreza, que se rodea de rudos pastores que trabajan como jornaleros, y desde allá se nos hace accesible a toda la humanidad. Nuestro Dios, que se manifiesta en ese Niño Jesús, es de todos. Nadie puede reclamarlo en exclusividad, ni siquiera los cristianos. Esta es una buena noticia que  nos debe de llenar de alegría.

La presencia de Dios en ese niño nos enseña que a Dios lo podemos encontrar en lo cotidiano y en cualquiera ser humano indefenso y débil, en todas aquellas personas que necesitan nuestra acogida. De alguna manera, siempre podemos tocar a Dios, cuando les tendemos la mano y los reconocemos como hermanos.

Este niño es presentado como Salvador, como Mesías, como el Señor. Es una forma totalmente nueva de concebir la misión salvadora de Jesús. Comienza con lo sencillo, con lo pobre, con lo pequeño, como el grano de mostaza que simboliza el modo como el Reino va a ir haciéndose presente en medio de la humanidad.  En este encuentro con el Niño Dios, estamos siendo invitados a unirnos a su modo de ser y a hacernos disponibles para que seamos servidores de su Reino, que es reino de vida y de paz.

¿Nos debemos preguntar si en verdad los cristianos estamos celebrando este acontecimiento o nos hemos ido inventando una Navidad donde el acontecimiento del nacimiento del Niño Dios lo hemos ido  vaciando de contenido y ubicado en un espacio marginal?   Está muy bien que en la Navidad tengamos sabrosos encuentros familiares, disfrutemos de la mesa donde no falten las hallacas, nos demos unos a otros regalos manifestando así nuestro cariño mutuo, bebamos y cantemos aguinaldos, en fin, que haya fiesta y todos disfrutemos. Eso deseo para todo el mundo y, también, deseo algo más: que venga a cada uno el Niño Dios, que el “Dios con nosotros” esté en nuestros corazones y en el centro de  la celebración, tal como se manifiesta en este evangelio.   ¡Gloria a Dios en el cielo, y paz a los hombres de buena voluntad!

 

CREDO SENCILLO PARA NAVIDAD

Yo creo en un niño pobre que nació de noche en una cuadra,

arropado sólo por el amor de sus padres y la bondad de la gente más sencilla.

Yo creo en un hombre sin importancia austero, fiel, compasivo y valiente,

que hablaba con Dios como con su madre, que hablaba de Dios como de su madre,

contando, llanamente, cuentos sencillos, y por eso molestó a tanta gente

que al final lo mataron,  lo mataron los poderosos, los santos, los sagrados.

Yo creo que está vivo, más que nadie, y que en él, mas que en nadie,

podemos conocer a Dios y sabemos vivir mejor.

Y doy gracias al Padre porque Él nos regaló este Niño

que nos ha cambiado la vida, y nos ha dado sentido y esperanza.

Yo creo en ese niño pobre, y me gustaría parecerme a Él

 

EL EVANGELIO DE LUCAS (2:1-14)

En aquellos días salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo en el mundo entero. Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret en Galilea a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.  En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: “No teman, Les traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tienen la señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.  De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.

 

Feliz Navidad

No es ‘feliz’

como ‘sin problemas’.

Ni que la vida sea fácil,

ni vivir una quimera.

La dicha no es vegetar

en un jardín hermoso

donde cada fruto es exquisito

y hay aroma de júbilo.

Que todo eso son visiones

de falsos profetas

o miradas de ave de paso,

que sobrevuela la tierra

sin llegar a posarse

en el suelo de lo concreto.

Feliz Navidad,

es la alegría asustada

de la mujer que arriesga,

 

y la confianza serena

del receptor de la promesa.

Es el entusiasmo incierto

de los peregrinos

en ruta, tras una estrella.

Es la emoción humilde

de los excluidos,

testigos hoy del milagro.

Y es el gozo lúcido de Dios

encarnado en niño,

cuando empieza a vaciarse

por completo.

Esa fiesta celebramos,

esa historia compartimos,

esa promesa anhelamos:

¡Feliz Navidad!

José Mª Rodríguez Olaizola, sj

Domingo 22-12-19 4°Adviento/A

Textos: Isa 7, 10-14; Rm 1, 1-7; Mt, 1,18-24

Estamos en el último  domingo de Adviento, preparación para la Navidad.  Jesús es obra del Espíritu y pasó la vida haciendo el bien, curando enseñando, liberando, porque Dios estaba con él. No le importó poner en juego su vida, curando en sábado, tocando leprosos, desautorizando a las autoridades al salvar la vida de la mujer adúltera. Toda su vida la dedicó a realizar la Misión encomendada por el Padre, para mostrar su presencia salvadora entre nosotros. En Jesús vemos cómo es el Padre, pues él es su viva imagen.   Jesús es la manifestación de Dios, “Emmanuel”, es el “Dios con nosotros”.  Jesús es el Hijo, el hombre lleno de la plenitud de Espíritu, en el que Dios se hace visible y se comunica con nosotros.

Es una presencia respetuosa, de modo humilde, como el de ese Niño que nació en Belén, que no irrumpe ni impone. Está presente en nuestras alegrías y en nuestros momentos de dolor. Siempre nos invita a vivir plenamente, a dar vida, a crear nueva vida, a hacer más  feliz a la gente.

Es una presencia que nos invita a acompañarle para la construcción del Reino, a defender la vida y la dignidad de los pequeños y excluidos, a luchar contra las injusticias que nos rodean para hacer una comunidad humana más justa y fraterna. Por tanto, nos llama a la responsabilidad, a que nos hagamos responsables de nuestros hermanos, especialmente de los últimos. Al final del camino de nuestras vidas, también nos estará esperando para acompañarnos y abrazarnos. Todo esto celebramos en Navidad. Esto es lo que creemos los cristianos que  es la Navidad y, por tanto, lo que nos llena de esperanza y alegría para la fiesta.

 

TAREA:

Contemplación. Un modo de encontrar con el Dios siempre presente en nuestras vidas. Nos colocamos con los ojos cerrados, en silencio, haciéndonos conscientes de esa presencia que nos fundamenta, nos sostiene, nos da aliento. Se trata de sentir, de acoger en nosotros la paz, la vida, el perdón, al amor. Eso que está presente en el fondo de nuestro ser.  No teman al miedo que puede hacerse presente, a la soledad del encuentro con uno mismo. Hagamos silencio y nos sentiremos liberados de muchas de las cargas que nos agobian. Les invito a que se den ese regalo a ustedes mismos. Para que el “Dios con nosotros”, que es la Navidad, les llene de paz, alegría y felicidad.

 

DEL EVANGELIO DE MATEO (1:18-24)

La concepción de Jesucristo fue así: La madre de Jesús estaba desposada con José y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta resolución se le apareció en sueños un ángel del Señor, que le dijo: “- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.” Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: – La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa “Dios-con-nosotros”).  Cuando José se despertó hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

 

JORNADA MUNDIAL POR LA PAZ.  “La paz como camino de esperanza: diálogo, reconciliación y conversión ecológica”.  12 DE DICIEMBRE DE 2019

Me alegro tanto…

Me alegro

por quien sale del lodo

y recobra la esperanza.

Por el hombre

que aprende a amar,

escribiendo una historia

llena de cotidianeidad

y algún que otro instante mágico.

Por ti,

que das a Dios

una oportunidad.

Y por ella,

que no se deja vencer

ante lo injusto.

Me alegro por aquel

que planta cara al miedo;

por ese otro,

que perdona

y sigue adelante.

Por mí,

porque amo, y río, y lloro,

y creo, y dudo,

y estoy vivo.

Y porque nunca estamos solos,

me alegro contigo,

Dios-con-nosotros

José Ma. Rodríguez Olaizola, S.I.

Domingo 15- 12-19 3er. Adviento

Textos: Isa 35,1-6; Stgo 5, 7-10; Mt 11:2-11

El profeta Isaías pone las notas que deben de alimentar el Adviento: alegría y esperanza. Dice así: “Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se

El profeta Isaías pone las notas que deben de alimentar el Adviento: alegría y esperanza. Dice así: “Regocíjate, yermo sediento. Que se alegre el desierto y se cubra de flores, que florezca como un campo de lirios y dé gritos de júbilo, porque le será dada la gloria de Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón….Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado: ¡Ánimo! No teman. ..”

Adviento es tiempo de llenar de esperanza nuestra vida. Esperanza que genera alegría profunda porque el Señor Jesús está viniendo a nuestras vidas, y no cesa de venir. Viene de múltiples formas y, en particular se manifiesta en la bondad de personas que nos rodean, en el cariño que mostramos con la gente, con nuestra familia. En ello hacemos al Señor presente, viniendo a nuestro mundo.

Nuestra esperanza se basa en la presencia y acción de Dios en medio de este mundo, aun en lo más oscuro del mismo, en cada uno de los corazones de los hombres. Esta esperanza sembrada en el corazón de toda persona es de la que habla el Papa Francisco, cuando afirma que: “El corazón de todo hombre y de toda mujer alberga en su interior el deseo de una vida plena, de la que forma parte un anhelo indeleble de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos o contrincantes, sino hermanos a los que acoger y querer.” (Mensaje de Paz, 2014)

Pero vivimos en una contradicción que desmiente esa vocación, puesto que estamos en “un mundo caracterizado por la “globalización de la indiferencia”, que poco a poco nos “habitúa” al sufrimiento del otro… las numerosas situaciones de desigualdad, de pobreza y de injusticia revelan no sólo una profunda falta de fraternidad, sino también la ausencia de una cultura de la solidaridad, una mentalidad del “descarte”, que lleva al desprecio y al abandono de los más débiles, de los considerados “inútiles”.


No confundamos la esperanza. No depositemos nuestras esperanzas profundas en “mesías” que nos aparten del camino, mostrado por el Señor Jesús. El Evangelio nos ayuda a centrar nuestra atención en los verdaderos fundamentos de la esperanza.  Según la pregunta  de los discípulos de Juan el Bautista a Jesús (“¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro?”), no había conciencia clara, en Juan y en sus discípulos, de quién era Jesús. Parece que esperaban a otro: un mesías que se iba imponer por poder y  restaurar un orden  político-social-religioso en Israel para así manifestar la gloria de Dios. La persona de Jesús no cuadraba con este imaginario.

Jesús no les responde con argumentos a los discípulos de Juan, sino con hechos contundentes que se pueden ver y que se pueden escuchar: “los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres reciben la Buena Noticia…”.  En estas palabras se manifiesta la identidad de Jesús. Él es de todos, especialmente de aquellos que más lo necesitan. Se coloca al lado del necesitado, se parcializa por los pobres. Está lejos de ser el Dios del Poder, de los poderosos. Si es poderoso, lo es en el amor  y servicio al necesitado. Esta es su respuesta a Juan.

Nosotros podemos tener algún problema, como Juan y sus discípulos, en aceptar a Jesús tal cual es. Queremos a Dios para nosotros, excluyendo a los que no son nuestros. Quizás, preferimos otro señor hecho más a nuestra medida y al tamaño de nuestras necesidades inmediatas. Por eso nos podemos volver incapaces de aceptar que Dios es la Buena Noticia de los pobres, los privilegiados de Dios, no por sus méritos  sino porque son excluidos, débiles e indefensos. El corazón de Dios está parcializado y, desde esta parcialización, puede ser de todos, sin exclusión alguna. 

El Dios manifestado por Jesús nos deja inquietos, no termina de cuadrarse con lo que esperamos. En este Adviento, para salir al encuentro del Señor debemos concentrarnos en enderezar con humildad los caminos que nos impiden recorrer el camino con gozo, de mantener nuestra  esperanza, contando con la presencia activa del Señor en nuestra vida.

TAREA: Una pregunta simple: ¿aceptamos a Jesús tal como es o tratamos de inventarnos a un Jesús a nuestro gusto? Leamos el texto del evangelio de hoy y nos preguntamos honradamente cuáles es nuestra posición ante la persona de Jesús, tal como aparece. Igualmente, nos examinamos sobre los sentimientos que van surgiendo.

Todo lo ha hecho bien

Hace oír a los sordos,

y hablar a los mudos.

Hace soñar a los escépticos

y aterrizar a los ingenuos.

Hace amar a los indiferentes

y resistir a los frágiles.

Hace ver a los ciegos

y caminar a los paralíticos.

Hace dudar a los intransigentes

y ayuda a encontrar a los que buscan.

Hace reír a los que lloran

y llorar a los que matan.

Hace vibrar a los fríos

y arriesgarse a los cobardes.

Hace estremecerse a los crueles

y pone un canto de esperanza en los corazones tristes.

Hace resucitar a los que mueren.

Y allá donde pone su mano,

deja una huella de vida.

José Mª Rodríguez Olaizola,

DEL EVANGELIO DE MATEO (11:2-11)

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: “- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.

Jesús les respondió. “Vayan a anunciar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia La Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”  Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

“-¿Qué salieron a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O que fueron a ver, un hombre vestido con lujo?. Los que viven con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salieron, a ver un Profeta? Sí, les digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: ‘Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti.’

Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.”

S A L M O  16

Guárdame, Señor, que me refugio en Ti.

Decid al Señor: “Tú eres mi Dios,

Tú eres mi Bien y no deseo otro”

Aunque todo el mundo corra tras los ídolos,

mi herencia eres Tú, Señor.

Eres Tú quien garantiza mi suerte

Eres Tú mi herencia y mi riqueza.

Bendigo al Señor, mi consejero

y lo tengo presente sin descanso.

El Señor a mi diestra. El es mi guía.

Así encuentra mi espíritu la paz

mi corazón reposa seguro

porque Tú no abandonas mi vida.

Tú me enseñas el camino de la vida

y encuentro ante tu rostro

la plenitud de vida y de alegría.

Guárdame, Señor, que me refugio en ti.